21 de agosto de 2010

Soy cordobés

David Nalbandián será uno de los preclasificados del US Open después de un 2009 y mitad de 2010 fatídicos con lesiones consecutivas y obstáculos demasiado complejos, el unquillense se encuentra en el regreso a su nivel tenístico y a pesar de no llegar a las instancias finales de Toronto y Cincinati (con algo más de resto en el primero, con ayudita en el segundo, por la lesión de Isner), los puntos que termina acumulando lo ubican entre los 40 mejores del Mundo, para ser cabeza de serie de un torneo emblemático como lo es el último Grande del año, acompañado por el otro que retorna y se mantuvo firme entre esos puestos: Pico Monaco. Antes de arrancar estos dos torneos que implican 1000 puntos para los camepones, el cordobés estaba ubicado por debajo de los 100 del Mundo (118). Parecía algo imposible de conseguir para el US Open: ser preclasificado (entre los 40 mejores del Planeta). Cuartos de final en el primero, tercera rueda en el segundo. Genial.

Este empujón final en los puestos del ranking lo hacen evitar jugar en las primeras rondas del torneo contra las piedras más difíciles, con las figuritas mas complicadas, con esos que uno no quisiera ver si fuera posible. Esto es parte de un esfuerzo sublime de todo su equipo que trabaja a la par de él. Ese mismo grupo de trabajo que le aconsejó no jugar en Wimbledon y prepararse para la serie de la Davis. Entonces, ante esta toma de conciencia colectiva, a David se le hace mas fácil trabajar con calma, y esa tranquilidad es trasladada a la cancha, donde hizo estragos en los últimos días, ganando partidos muy duros, pero pagando con creces su record de 11 partidos con victorias de manera consecutiva. El carro se lo paró el campeón defensor de Toronto y que se quedó nuevamente con ese rótulo en 2010: el verdugo Murray. 

Uno se pone a pensar, y dice: David es potencial top ten, es un hombre batallador dentro de la cancha, no se guarda nada, les ganó a todos alguna vez, ¿por qué no ganó un Grand Slam? La respuesta es tan difícil de responder, porque no se entiende porque no lo pudo hacer. En aquella final de Wimbledon 2002 donde se vio las caras con un Hewitt en plenitud, lo aniquiló con el nombre nomás, y con el juego de Lleyton de esa época: temerario. Pero, su sabor más dulce seguramente fue aquél Masters de 2005, donde había 4 argentinos: Coria, Gaudio, Puerta entrando por lesión de Nadal y el propio David. Pero así como se bajaban, estaban Agassi y Davydenko por ejemplo. . Se habían bajado varios del certamen que reúne a los 8 mejores del año en el escalafón mundial. Pero estaba Roger. Y con él fue la gran final. Cinco sets emocionantes y con 100% de adrenalina. David remontó un 0-2 en sets y se quedó con ese Series Masters de 2005, cortándole a Roger la posibilidad de tricampeonato.

Luego vendrían dos enormes torneos de un David que a esa altura era un Goliat indestructible: Paris y Madrid. Primero en España, haciendo un cierre de torneo espectacular ganándole a Federer en tres mangas. Y no sólo eso, ganándoles al 2 y 3 del Mundo también: Nadal y Djokovic, en la misma semana, en el mismo lugar. Dato aparte, victorias a Clement en primera rueda, a Berdych en segunda y a un Del Potro que arrancaba en tercera facilmente. Después, vendría Paris, donde le gana la final de forma lapidaria en el cemento francés a Rafa Nadal (en esa época número 2 del Planeta), por 6-4 y 6-0 (habría que buscar cuantos sets perdió Nadal en una final por ese resultado). Además derrotó en todo el certamen a: Alamagro, Moyá, Federer, Ferrer y Gasquet. Dos semanas fabulosas e inolvidables para el argentino, donde les ganó a todos y hasta dos veces a Rafa y Roger. Impagable.

Nalbandián contagia por donde se lo mire. Es un tipo capaz de levantar a todo un estadio. Su garra, su corazón y por sobre todo su enorme capacidad de juego, hacen a un tenista completo, con ambiciones y fuerte. Da orgullo David, como para no tenerlo.

Regresa a jugar el US Open, para ver si de una vez por todas, se le da la conquista en EEUU en una superficie que le es muy favorable, que le es cómoda, que sabe desplegarse en su máximo potencial. No está Del Potro, sino sería aún más atractivo el certamen con ambos con sendas chances de llegar lejos. Pico Monaco hará lo suyo para avanzar todo lo posible. Está volviendo de a poco.


Sería bueno que ante los franceses por la Davis en Lyon, estuvieran tanto Juan Martín como David en óptimas condiciones. Es un deseo personal, que se traslada a muchos que pretenden lo mismo. Mientras tanto David es 37 del Planeta, el lunes podrá escalar algunos puestos más y llegará al último Grande del año con un ruedo importante en el cemento de Norteamerica, donde espera seguir adelante con su fuerza de voluntad, esa que lo hace un tenista único, digno de ver y admirar. Digno es un David, que se anima a ser Goliat más de una vez y destruir todo lo que hay a su paso.

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