Ubiquemos la situación en tiempo y espacio. Un equipo de los denominados ¨grandes¨ no gana un título importante hace más de diez años. Pasan los jugadores, pasan los técnicos, pero todo sigue igual. La obtención de un campeonato local de vez en cuando y nada más. Y ni hablemos de los innumerables problemas económicos del club. ¿Y todo por qué?
Si leemos la siguiente historia, quizás podamos entender…
El barco está en el mar, en medio de una tormenta. El dueño del barco, no tiene buena relación con los grandes capitanes capaces de tomar firme el timonel de su navío, así que decide poner a gente de poco conocimiento en la materia, de poca experiencia, a cargo de la situación. Es por eso que su flota se mantiene en medio del mal temporal, sin poder salir. Con una tripulación poco capacitada para hacer algo, sólo se espera que ocurra un milagro. Mientras tanto, se hunden más y más.
Sí adivinó. Es la misma situación que vive su amado River Plate. Un equipo que no logra sus objetivos y viene de un fracaso tras otro. Para que River salga de la tormenta, la cual atraviesa en este momento, necesita un hombre con experiencia que tome el timonel del barco. Un hombre que saque el equipo a flote y lo deposite en aguas calmas otra vez. Como pasó en la década del ´90. Necesita un hombre que entienda el gusto del hincha y que mantenga la línea de juego, que supo llevar a la gloria al equipo de Nuñez. Necesita de un ídolo riverplatense que no le tema a nada ni a nadie. Un Director Técnico que conozca como armar la tripulación de marineros, los cuales lo harán llegar a buen puerto. Usted podrá decir que Pipo Gorosito es un hombre del club, que conoce lo que quiere el hincha y trata de jugar como la historia de River manda. Pero el señor de los rulos abundantes no es un ídolo de la talla de Ramón Díaz, el Tolo Gallego, Alonso o el Enzo.¿Pero a qué se debe que los técnicos más queridos no estén en la institución? Buena pregunta para que la responda José María Aguilar. El presidente de la papada grande nunca pudo tener una relación de amistad con las glorias millonarias.
Si bien hizo muchas cosas importantes (por ejemplo, elevó el nivel de otras disciplinas deportivas tales como la natación o el vóley, se agrandó la escuela primaria, secundaria que hay en el club, la creación de decenas de filiales, etc.). Pero lo que realmente le interesa al hincha, fanático o tan sólo seguidor, es el fútbol. Y esa es la materia que Aguilar debe desde que ingresó como alumno presidencial. Tuvo varias oportunidades de rendir el examen, nunca lo logró. Y se tiene ir, ya que se vienen elecciones nuevamente para fin de año, pero hasta ese entonces, seguirá siendo el dueño del barco.Podrán criticar a los jugadores. En mi humilde opinión, todo aquel que se ponga la casaca de cualquier institución, sea de fútbol o cualquier otro deporte, intenta dejar la vida por el club al cual pertenece. Después queda en obviedad si el físico o la técnica de dicho jugador, son compatibles con la talla del equipo y del gusto de la gente. Pero ellos solamente son los marineros. A ellos los contratan, como al hombre encargado del timonel. El problema está más arriba. El dueño del barco…
Entonces repasemos: La embarcación está en el mar. Si el dueño del barco tiene buena relación con los grandes capitanes de navíos, puede contar con alguno de ellos para que su nave se mantenga a flote siempre y en caso de alguna tormenta o mal tiempo, navegue rápidamente hacia aguas más calmas. Al ser un buen capitán, sabrá contar con la tripulación necesaria (hombres fuertes, algunos inteligentes, otros hábiles; algunos bajos, otros altos; gente con experiencia; chicos que recién están aprendiendo, etc.) y así conseguir los objetivos que se proponen antes de que la nave despegue del puerto. Pero si el dueño, llámese Aguilar o Juan Pérez, no hace las cosas bien, es muy probable que su barco, se hunda a mitad de camino. Y lamentablemente, hace un par de años, zarpó del puerto una gran nave llamada River Plate. Sin nadie capaz de conducirla por buen rumbo, es por eso que hoy está hundida. Y parece que lo va a estar por otros seis meses más.
Nota escrita por Tomás Villanueva
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